Ser padres tras el divorcio

Al utilizar el término padres estamos incluyendo a ambos progenitores. Nuestra pretensión es ofreceruna breve guía para aquellas personas que tras un divorcio o separación de su pareja donde han convivido hijos menores, no saben exactamente qué hacer o decir a los hijos, y lo más importante, qué no decir.

1.- Poniendo las cosas en su justo término.  Pensemos que el divorcio es una situación por la que pasan un número importante de parejas. Más la mitad de las parejas finalizan en divorcio, separación o nulidad, España tiene una tasa del 61% cifra similar a la de otros países europeos y muy por encima de los países latinoamericanos.
¿De qué hablamos?
Muchas veces tratamos el divorcio exclusivamente desde la perspectiva de fracaso en la relación de pareja. Cuando lo cierto es que existen otras dimensiones y factores alrededor del divorcio más allá de la ruptura en sí misma. También se terminan las condiciones que originan el conflicto y lo que es más, se da un paso importante para encontrar una solución y comenzar una nueva vida.
¿En qué nos afecta?
Muchas veces se mezclan y se igualan la dimensión emocional, legal, económica y otras que trascienden al ámbito de la pareja. Cada unas de esas dimensiones debe tratarse en su medio y no debemos negociar ni trasvasar una a otra. Lo que suele ocurrir es que al añadir esos otros factores legales, económicos, materiales a nuestra vivencia lo convertimos en una experiencia traumática, de pérdida irreparable y en resumen en un duelo.
Si nos situamos en la dimensión emocional es normal que precisemos un periodo de adaptación hasta normalizar nuestra vida y podremos superar dicha situación desde una perspectiva renovadora.
¿Qué hacer y decir a los niños?
Los niños tienen que ver la misma historia, eso sí, adaptada sin engaños a su capacidad de asimilación. Debemos hacerlo con tiempo suficiente, en privado y entre ambos progenitores de manera consensuada. Se debe tratar de responder a las cuestiones que nos planteen sin añadir más de lo necesario y sin eludir responder a lo que les preocupa. Debemos transmitirles seguridad, no olvidemos que somos sus referentes juntos o separados.
Tan importante es lo que decimos como la manera en la que decimos, ellos deben expresar sus sentimientos del mismo modo que sus dudas y debemos resolverlas y canalizarlos de la mejor forma escuchándolos y comprendiéndolos. Debemos explicarles cómo seguirá siendo su vida a partir de ahora, sin grandes cambios, sin dudas que puedan rellenar con incertidumbres que no llevan a ninguna parte.
¿Qué no hacer?
Comenzaremos por decir que un divorcio no es una declaración de guerra y mucho menos con rehenes. Los hijos no deben participar en esta “guerra”. No les podemos poner en la tesitura de tomar partido por uno u otro progenitor. También evitaremos cambios bruscos, mudanzas, amigos, colegios, rupturas con la familia ampliada (tíos, abuelos, primos…). Al menos evitaremos inyectar drama a todo eso. Ellos (los niños) suelen atribuirse la causa del divorcio, por tanto debemos evitar alimentar esa creencia dejando claro que no tienen nada que ver con ello.
Debemos evitar dañar la imagen del progenitor ausente. Si pensamos que ganamos la confianza de nuestros hijos desprestigiando la de su padre o madre acabaremos por distorsionar la imagen de ambos, generar recelos y desconfianzas y generaremos conductas regresivas en ellos, como miedo a dormir solos, control de esfínteres, problemas con la comida, irritabilidad, ira, aislamiento, etc.
Por último, aprender y mejorar de cada experiencia para así pasar página, habiendo aprendido y seguir adelante sin olvidar las vivencias positivas del pasado común.
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